Y llegó el nuevo año

No, no me he acabo de despertar de un coma profundo, ni me he vuelto loca (al menos no más de lo que ya suelo estar). Y sí, sé que hoy es día 30 de enero y no día 1. En realidad quería escribir este post el pasado día 16, porque para mí, los años empiezan ese día ya que es cuando cumplo años. ¿Acaso no es verdad que en nuestro cumpleaños es cuando empezamos nuestro nuevo año particular?

Pero, como fue habitual durante todo 2016, llegó el día y no pude escribir. No tenía ganas, la verdad. Al igual que llevo sin escribir nada desde septiembre porque no me apetecía sentarme aquí delante para soltar todas mis mierdas paranoias. El año pasado no fue fácil, es más, ha sido uno de los más difíciles de mi vida. Volví a recaer de mi ansiedad, pero esta vez lo hice a lo grande, con crisis constantes, vuelta a la medicación y vuelta a la terapia.

¿Para qué hacerlo pasajero si lo puedes hacer permanente? O al menos eso es lo que debe pensar mi querida amígdala, esa que me provoca crisis de pánico (o de ansiedad, como quieras llamarlas). Admitir que vas a tener ansiedad toda tu vida es algo a lo que debería estar acostumbrada. Al fin y al cabo, ya me lo dijo un psiquiatra hace ya unos 14 años. Pero, claro, ¿para qué hacerle caso?

La cuestión es que el día de mi cumpleaños tomé una decisión: volver a medicarme, esta vez sin fecha de caducidad. He rebajado mi nivel de estrés al máximo permitido teniendo tres hijas y trabajando desde casa, pero reconozco que practico la “slow life” y no lo cambiaría por nada del mundo (bueno, miento, lo cambiaría si no llegáramos a final de mes). Pero todos esos reajustes no han servido para que mi ansiedad bajara a niveles mínimos. He intentado con medicación muy floja para ver si era un estado pasajero, pero por mi cabezonería ha sido un año espantoso, horrible, de mierda, para olvidar. Así que el día que me hacía un año más vieja decidí que no podía más. Ni mi marido ni mis hijas se merecen esto. Porque lo peor que me ha pasado es que mis hijas presencien alguna de mis crisis y ver sus caras de terror es algo que no conseguiré olvidar.

Otro de mis propósitos para este nuevo año es usar este blog para lo que lo abrí, para desahogarme. Para sacar de una vez por todas mis fantasmas, mis miedos, mis más oscuros secretos y por fin liberarme de esa carga que me atormenta. No sé si esto lo leerá alguien o sólo me servirá como terapia, pero si cuando leas mis post entiendes por lo que he pasado es porque tú también lo has pasado, cosa de la que no me alegro, porque ojalá nadie en este mundo lograra entenderme. Pero si has tenido esa mala suerte, que sepas que estoy aquí para escucharte, para compartir, para ayudarnos. Porque si algo he aprendido, es que no escondiéndome es cuando consigo salir a la superficie.

Este año he estado a punto de dejarme caer de nuevo en el pozo y eso es algo que no me puede pasar nunca más. No puedo volver allí después de lo que me costó salir. Y mi psicólogo cree que tengo que dejar atrás el pasado, un pasado al que me aferro con uñas y dientes y que va siendo hora de que lo haga salir de mi interior.

Y por eso empieza un nuevo año, el año en que empezaré a soltar lastre. Si estás leyendo esto, bienvenida a mi mundo de paranoias.

2 comentarios:

  1. Bienvenida! Espero volver a leerte con más asiduidad. Cuídate y aquí estamos para leer y escuchar desde el respeto y el cariño. Muac!

    • A ver si este año consigo sacar todo lo que llevo dentro y así dejar atrás todo lo malo. Muchas gracias por estar siempre ahí!!! Muuuuuuacks

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