Los profes también te marcan (para bien o para mal)

Ahora que ha acabado el curso de mis hijas y no he estado al 100% contenta con lo visto de una de las profes, miro atrás y pienso en las profesoras que tuve yo en mis años de estudiante. Y digo profesoras sí, porque el 80% fueron mujeres. Profesores tuve pocos (o así lo recuerdo yo).

En EGB recuerdo al de religión, al de plástica y uno que tuvimos un año que acabó de los nervios y con una mano destrozada por romper un bote de cristal en uno de sus chillidos famosos de “Quereeeeeeeeeeeis callaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar”. Ah! Y me suena que los últimos cursos cambiaron a la de gimnasia por un profe. Y, cómo no, al que más recuerdo era al director del cole dándonos mates, aunque casi recuerdo más la exigencia de una presentación perfecta a la de haber aprendido mucho (también influye que soy realmente una negada en cuanto a número se refiere).

En bachillerato la cosa no cambió mucho, teníamos al de religión, al de educación física (ya no se llamaba gimnasia, porque éramos ya todos unos adolescentes y la cosa era más seria) y al de filosofía. Sé que los que hicieron ciencias tenían un profe de física y química pero aquí la menda huyó de los números a la que le dieron la oportunidad y estudié letras puras.

Si cierro los ojos ahora mismo e intento recordar a mis profesoras, a algunas las tengo difuminadas, otras las llevo en la memoria para toda la vida, unas por bien y otras por mal. Porque, no nos engañemos, hay profesores muy buenos pero también los hay muy malos. Y sí, seguramente la percepción de si es bueno o malo es algo personal (como todo en esta vida) pero si te toca lidiar con un mal profesor te puede quitar las pocas ganas que tengas de estudiar.

Y, ojo, para mi un mal profesor no es aquel que sea exigente, el que hace que su asignatura sea un palo duro de roer, ni mucho menos. Ahí cada cual con sus ganas de estudiar. El mal profe es aquel que deja traslucir sus preferencias sobre los alumnos, aquel que, por lo que sea, está aburrido de enseñar y lo deja entrever en sus clases. Aquel que paga sus frustraciones o malos humores con los que tiene delante.

Como ejemplo de malos recuerdos tengo a dos: la de castellano de octavo, la de historia de primero y segundo de bachillerato y la de inglés de tercero y COU. Todas ellas dejaban entrever claramente qué alumnos les caían bien y cuáles no podían ni soportar. Y eso es algo que no debería ocurrir jamás. Personalmente solo tuve enfrentamientos con la de inglés, es más, llegamos a decirnos más de una lindeza subida de tono pero siempre antes de entrar a clase (y fue en COU siendo yo ya mayor de edad, es lo que tiene nacer en enero).

Pero me sorprendía ver como el rasero de medir no era el mismo para todos. Depende de qué alumno hiciera algo (hablar en clase, llegar tarde, molestar a un compañero, …) el grado de enfado aumentaba o disminuía considerablemente. También estaba la que corregía los exámenes simplemente mirando el nombre. Y ahí sí que la sufrí y aún no tengo muy claro por qué. Lamentablemente en mi época aún nos juzgaban por nuestro apellido (si era castellano o catalán) y esa es la única explicación que se me ocurre. Es más, llegue a copiar íntegramente un examen de historia del arte en segundo de bachillerato: saqué mi 4 habitual mientras la otra sacó un notable alto. Ahí me quedó claro que daba igual que estudiara más o menos, no iba a aprobar ni loca. Yo que era una apasionada de la historia, que era de las pocas asignaturas que realmente me gustaban, acabé aborreciéndola por completo.

Han pasado 27 años y sigo recordando a aquella señora bajita y con cara de mala hostia que me amargó la existencia ya que la muy mejormecallo decidió suspenderme su asignatura y la arrastré hasta COU, año en que decidió aprobarme porque por fin había conseguido su ansiada plaza en un instituto público. ¡Ni que fuera culpa mía que no lo hubiese conseguido antes! Que conste que no fui su única víctima, pero claro, me afecta lo que me pasó a mi.

Menos mal que no todos eran como ella. Recuerdo con admiración a mi profesor de filosofía. Un tipo raro, con gafas y medio calvo que soltaba las clases de una parrafada y no nos daba tiempo ni a copiar siquiera. Pero nos hacía pensar y siempre estábamos intentando ver sus apuntes porque nos tenía intrigados qué había en aquellos papeles. Hasta que alguien lo consiguió y descubrió que simplemente había palabras sueltas que para él significaban párrafos enteros. Creo que le apasionaba tanto su asignatura que hacía que nos atrapara (aunque yo por aquella época decidí que era más divertido hacer otras cosas antes que estudiar y también descubrí lo que era “hacer campana”).

O también recuerdo a mi profesora de literatura de tercero y COU, sobretodo en último curso en que fue mi tutora. Otra grandísima profesora que adoraba enseñar, su asignatura y a todos sus alumnos. Recuerdo su voz pausada, cómo transmitía su amor por la literatura mientras intentaba que aprendiéramos algo (no sólo que estuviéramos allí de cuerpo presente), cómo nos trataba a todos por igual y su sonrisa. Como reconoció aquel septiembre que a lo mejor tenía razón cuando me quejaba que la de inglés me tenía manía (la nota de selectividad con un examen puesto para que suspendiéramos decía que yo no era tan mala en inglés como me pintaban). Aquello me llegó a lo más hondo.

O como nos recibía siempre con la puerta abierta, como siempre tenía un minuto para escucharnos, aunque fueran quejas estúpidas de adolescentes que tenían las hormonas revolucionadas. Ese tipo de profesor es el que te marca de por vida, para bien. El tipo que deberían ser todos, el vocacional, el que ama la enseñanza y hace que sus alumnos acaben por apreciar su labor y lo sigan recordando 27 años después.

Porque no solo marcan nuestros padres, nuestros amigos, nuestros familiares o nuestros jefes sino que tras nuestros padres, las figuras en las que más nos fijamos durante unos cuantos años son los profesores que pasan por nuestras vidas.

La película me impactó y esta canción es una de mis favoritas. Muestra lo que es ser un buen profesor implicado hasta la médula:

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Un comentario:

  1. Me gusta mucho tu post porque reflejas la realidad que hemos vivido la mayoría. Se aboga por una educación pública de calidad, con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero se nos olvida que la pieza clave son los profesores.

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